Aborto por discapacidad: ¿Eugenesia o decisión personal?

Hace poco estuvo circulando una noticia que dice que todos los fetos con síndrome de Down están siendo abortados en Islandia. Y si bien, según otra nota periodística, no es del todo cierto, esta información ha generado un debate ideológico entre quienes defienden el aborto irrestricto y quienes ven en él una práctica eugenésica condenable, comparada con lo que sucedía en el régimen nazi.


Sabemos de padres que afirman que nunca cambiarían en nada a sus niños con discapacidades. Sin embargo, también sabemos que existen aquellos que se sienten muy desdichados al tener que cargar con las condiciones y enfermedades de sus hijos. Por consiguiente, creemos que, al no ser todas las personas iguales, no podemos juzgar a éstos últimos, sino analizar sus decisiones según sus circunstancias.

Para empezar, creemos que las mujeres que deciden abortar a un feto con futuras discapacidades, no lo hacen con la finalidad de terminar con la población de niños así. Su motivo es evitar una vida entera de un trabajo a tiempo completo por una criatura que, muy probablemente, traerá otras enfermedades físicas más allá del retraso, tendrá menor expectativa de vida, nunca será del todo independiente, y demandará recursos con los que tal vez los padres no cuentan.

Y si bien es cierto, en la actualidad la esperanza de vida de los niños con SD se ha alargado bastante y cada vez se hacen mayores esfuerzos para integrarlos a un mundo laboral, lo cual es algo muy bueno, la verdad es que muchos padres aún encuentran bastante difícil su crianza. La motivación de las mujeres que finalmente deciden abortarlos es puramente personal, no política, por lo que no podemos juzgarlas con los mismos parámetros con los que juzgamos las prácticas nazis, que sí tenían una finalidad política y no simplemente decidir sobre sus propias vidas.

Una parte de quienes defienden el aborto legal argumentan su supuesta utilidad como herramienta para terminar con problemas sociales como la pobreza o el gasto de recursos estatales para atender a personas con discapacidad, lo cual, creemos, sí sería propio de regímenes fascistas y totalitarios. El argumento principal (y la verdad, el único válido) para legalizar el aborto, es el derecho a la libertad personal de la mujer.

Creemos que las razones para que una mujer decida abortar son siempre (o casi siempre) bastante fuertes y trascendentales para su vida.

Algunos argumentan que el aborto por discapacidad solamente debería estar permitido en casos en que el feto vaya a tener una calidad de vida muy complicada. Sin embargo, determinar qué tan compleja puede llegar a ser una vida es muy subjetivo. Porque una persona considere que no es tan difícil la vida de un niño con síndrome de Down, no implica que todos deban pensar como ella, en especial si son ellos los encargados de cuidarlo.

Quienes consideran que se debe prohibir el aborto de niños por discapacidades “menores”, sostienen que se estaría conduciendo al exterminio de una población cuyos “talentos” benefician mucho al desarrollo de la humanidad. Este argumento es más bien romántico y se encuentra frente a muchas contradicciones dentro de sí mismo. Por un lado, se parece mucho al argumento pro-vida que propone que la madre de Beethoven habría cometido un gran error si lo hubiera abortado, ya que el mundo habría perdido a un gran genio de la música (siendo Beethoven una persona que nació sin discapacidades). Obligar a una mujer a tener un hijo por los supuestos talentos artísticos o intelectuales con los que ésta beneficiaría a la humanidad, es instrumentalizar a la mujer. Por otro lado, el argumento de los “talentos” favorecería a los fetos con autismo, pero no a aquellos con síndrome de Down, ya que éstos últimos no suelen estar relacionados con talentos como lo están los primeros.

Como ya dijimos, la razón para defender la legalización del aborto es la libertad personal de la mujer sobre su propio cuerpo (y por ende sobre el destino de su vida). Al mismo tiempo, en Nino y Lucía no consideramos que el embrión sea “como un tumor” ni “un simple conjunto de células”, sino que es vida humana y por ello merece cierto estatus y protección del Estado, que obviamente no se le da a los tumores. Nuestra postura pro-elección no viene de negar la vida humana del concebido, sino de entender que, en esta etapa del desarrollo, sus derechos y los de la gestante colisionan cuando no lo quiere tener, al punto de que es necesario decidir sacrificar la libertad o la vida de uno de ellos. Creemos que las razones para que una mujer decida abortar son siempre (o casi siempre) bastante fuertes y trascendentales para su vida, como por ejemplo no tener los recursos para mantenerlo, que el embarazo haya sido producto de una violación, o que al convertirse en madre tenga que trastornar su vida al punto de renunciar a su carrera. No creemos que la lucha por el aborto legal se base en caprichos ni en frivolidades, de otra manera, no la apoyaríamos.

Por ello, creemos que el hecho de tener que decidir abortar un niño deriva de circunstancias personales muy fuertes para la madre, con la intensidad suficiente para ponerla en un estado emocional delicado. Entonces, sea cual sea la causal, el hecho que la lleve a tomar esa decisión debe ser respetada como parte del ejercicio de su libertad personal de elegir, y eso nada tiene que ver con políticas eugenésicas llenas de odio como la que practicaban los nazis.

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