Fraude de paternidad: Cuando la prueba de ADN no importa.

Por: Nino

Un hombre descubrió que su hija no era su hija. La madre lo había engañado hace 16 años para que la reconociera. A pesar de que una prueba de ADN le diera la razón, la Corte Suprema de Perú lo ha obligado a mantenerla. Conoce un poco sobre la situación legal de los hombres víctimas de fraude de paternidad.


Imagine lo siguiente:

Un día cualquiera, te levantas y te alistas para desayunar con tu familia. Te despides de tus hijos y tu esposa para ir al trabajo. Probablemente tienes la posibilidad de almorzar con ellos o los llamas en tu tiempo libre. Acaba la jornada laboral, pesada, como siempre; vas a tu casa y ves a la menor de tus hijas, llorando en la sala. Ya sabe todo lo que le han ocultado durante 16 años: acaba de enterarse que no eres su padre.

El único problema es que tú tampoco sabías que no eras su padre.

Este escenario es uno parecido al que le vivir a Esteban. Hace 16 años se enteró que era padre de una niña. La madre le dijo que había resultado embarazada de él y que debía reconocerla. No había matrimonio, no había relación sentimental. Pero Esteban reconoció a la menor, una hija extramatrimonial. Firmó voluntariamente la partida de nacimiento. Sin embargo, pasados los años, uno de los otros hijos de la madre le dijo que esa niña no era suya, sino que había sido concebida en un compromiso anterior.

El único problema es que tú tampoco sabías que no eras su padre.

El 2012, el padre decidió impugnar la paternidad de la menor luego de descubrir que fue engañado. Y aquí iniciaría su travesía de más de cuatro años, pasando por juzgados y secretarías del Poder Judicial.

CAPÍTULO I. No eres el padre (1° sentencia)

Inició el juicio. Como primera medida el juez consideró que, si bien Esteban reconoció a la menor, era necesario la determinar la filiación de la menor. Es así que en diciembre de 2012 se tomaron muestras biológicas de Esteban, de Filomena y de la menor.

Resultado: Esteban no era el padre biológico de la menor.

El juez declaró fundada la demanda en enero de 2014, concluyendo que el reconocimiento realizado era inválido e ineficaz. Sin embargo, la demanda sería apelada.

CAPÍTULO II. No eres el padre, pero reconociste al menor (2° sentencia)

El caso llegaría a la Primera Sala Civil de la Corte Superior de Arequipa en donde la historia fue distinta y los argumentos también.

En primer lugar, un aspecto técnico. La Sala sostuvo que Esteban no podía demandar la impugnación de reconocimiento de paternidad porque no contaba con legitimidad debido a que se trató de un hijo extramatrimonial conforme el acta de nacimiento de la menor. Para explicarlo con palabras menos complejas: cuando uno reconoce voluntariamente un hijo fuera del matrimonio ya no puede solicitar la impugnación de paternidad.

Por otro lado, la protección de un derecho: la identidad de la menor. La Sala sostuvo que ella había forjado su identidad durante más de 16 años en los que ha considerado a Estaban como su padre. En consecuencia, si aceptaran la demanda, le estarían generando una crisis de identidad a la adolescente, crisis que lesiona el interés superior del niño.

Pero aún quedaba un punto importante: el resultado genético. No era su hijo biológico, eso estaba claro, ¿no? Pues bien, la Sala consideró que, si bien el ADN determinó que no había ningún tipo de filiación entre Esteban y la menor, debía aplicarse el artículo 395 del Código Civil, que sostiene que el reconocimiento extramatrimonial de un hijo es un acto irrevocable.

¿Qué significa esto? Que a pesar que Estaban demostró que no era el padre de la menor mediante un examen de ADN ordenado por el juez de primera instancia, por el solo hecho que se trató del reconocimiento de un hijo extramatrimonial, ya no puede impugnar la paternidad a pesar que dicho reconocimiento lo realizó luego de ser engañado.

Cuando uno reconoce voluntariamente un hijo fuera del matrimonio ya no puede solicitar la impugnación de paternidad.

Finalmente, la Sala Civil revocó la sentencia apelada y declaró improcedente la demanda en marzo de 2015. Esteban interpuso un recurso de casación. El caso lo vería la Corte Suprema.

CAPÍTULO III. No eres el padre, pero reconociste al menor y debes mantenerlo (3° sentencia)

Y llegó. La Sala Civil Permanente de la Corte Suprema de Justicia de la República analizaría el caso. Los fundamentos se centraron exclusivamente en lo más importante para la menor.

Primer punto de análisis: la relación paterno filial. La Sala Suprema consideró que una relación paterno-filial existen vínculos entre padres e hijos trascendentes para el desarrollo de la persona, y, además, de estos se desprende una serie de derechos y obligaciones impuestos al progenitor como los deberes alimenticios, sin los cuales la existencia del menor podría estar en peligro.

Es en este escenario que se evaluó el artículo 395 del Código Civil. La Sala Suprema sostuvo que se trata de una limitación a la impugnación de paternidad por los efectos que puede producir en el menor la destrucción del vínculo padre-hijo y el impacto que generaría la reiteración de estos actos en la sociedad. Asimismo, consideró que, sumado a estos problemas, se crearía un estado de desamparo en el que quedaría el menor al quitársele al impugnante los los deberes de tutela que correspondían al padre.

Asimismo, consideró que se ve afectado el derecho a la identidad del menor, ya que el padre que formalmente éste tiene ya no es tal (se elimina del acta de nacimiento la paternidad que hasta el momento existía), pero en su lugar el Juez no llega a responder cuál es, entonces, la filiación que le corresponde.

En consecuencia, si la situación de este menor antes del pronunciamiento del órgano jurisdiccional podría ser cuestionable, su situación luego de éste es evidentemente más precaria. Y lo más grave que se puede apreciar en todo esto es la situación de desamparo en la que se colocaría al menor luego de un pronunciamiento de este tipo, dado que usualmente esta controversia va ligada al de la manutención del menor, que depende de las obligaciones alimentarias impuestas por la ley a quien ha reconocido libremente la filiación, ya que estas pretensiones suelen ser ejercidas por los padres formalmente reconocidos luego de la ruptura de las relaciones amorosas con la madre del menor.

La Sala Civil Permanente de la Corte Suprema de Justicia de la República analizaría el caso. Los fundamentos se centraron exclusivamente en lo más importante para la menor.

Finalmente, como consecuencia de todo ello rechazaron el recurso de casación de Esteban, debido a que la impugnación de la paternidad del hijo extramatrimonial puede ser limitada para evitar que lesione el derecho a la identidad del hijo. Entonces, a pesar del examen de ADN, mientras que no se logre identificar al verdadero padre biológico no podrá impugnarse la paternidad.

CAPÍTULO IV. ¿Qué pasará con Esteban? De demandante a sentenciado

Probablemente, lo más complicado de toda esta situación es todo el sufrimiento que le ha tocado pasar a Esteban, pero lo peor es lo que podría venir después.

Si no resultaba suficiente con que se le denegara la impugnación de paternidad a pesar de la existencia de una prueba de ADN ordenada por el propio Poder Judicial, debemos tomar en consideración que Esteban se encuentra todavía obligado a mantener a la menor. Quiero decir, legalmente obligado. Y las consecuencias legales son graves.

Tomemos el caso imaginario con el que empezamos este artículo: esa obligación legal impuesta al hombre engañado implica que la madre que lo engañó podría demandarlo por alimentos a favor de su hija, y probablemente a favor de ella también. No es necesario, siquiera, un hombre engañado que haya dejado de darles dinero o de mantener a la menor; basta con que se retire de la casa para que pueda ser demandado por habitar en lugar distinto al de su hija que no resultó ser suya.

Pero analicemos un poco más detenidamente este escenario: para evitar una demanda de alimentos, un hombre que ha sido engañado respecto a la paternidad de quien consideraba su hija, se vería coaccionado a mantenerse en la casa donde vivió con la menor y con la mujer que le mintió.

Sin embargo, no queda todo ahí. Si quisiera defenderse de la demanda de alimentos indicando que no tiene relación biológica con la menor y que, por lo tanto, no es su padre; esta sentencia de la Corte Suprema le derribaría toda defensa: estás obligado a pagar a pesar de no ser el padre biológico.

Y no solo eso, sino que se le tendría que exigir que demostrara quién es el padre biológico de la menor a favor de quien tiene que dar alimentos. Es decir, tendría que descubrir quién es la persona que no se hizo cargo durante tantos años de su hija y aquella a la que la madre ha mantenido en secreto todo ese tiempo.

La madre que lo engañó podría demandarlo por alimentos a favor de su hija, y probablemente a favor de ella también.

El resultado más probable es que será sentenciado a pagar alimentos, por un hijo que no es suyo y que, además, reconoció porque fue engañado por la madre. Pero, ¿qué pasaría si decidiera no cumplir con los alimentos? Al fin y al cabo, él ha sido engañado por todos estos años, ¿cierto?

Bueno, el final no es tan bonito como parece.

CAPÍTULO V. De engañado a condenado: un probable final para Esteban

¿Qué pasa si Esteban, que se siente atrapado en una injusticia, decide no cumplir con los alimentos?

El artículo 149 del Código Penal peruano, y la gran mayoría de los códigos iberoamericanos, regula el delito de “omisión a la asistencia familiar” cuyo nombre varía dependiendo del país. Este delito se configura cuando después de haber sido sentenciado a brindar alimentos a favor de un menor u tercero, no cumple con sus obligaciones. En estos casos, se le comunica al Ministerio Público para que inicie las investigaciones y acuse a quien incumple ante el Poder Judicial.

Anteriormente en el Perú existía la práctica judicial que para condenar por el delito de omisión a la asistencia familiar bastaba únicamente con acreditar el incumplimiento de la obligación. Sin embargo, recién el del 2016, las Salas Penales de la Corte Suprema precisaron que para condenar por el delito de omisión a la asistencia familiar debe demostrarse que el autor tiene capacidad económica suficiente para hacerse cargo de la obligación de alimentos que le puso otro juzgado.

Mejoró el escenario, ¿cierto?

De 1 a 3 años de prisión será el destino final más grave para cualquier hombre que fue engañado sobre su paternidad.

Pues no.

Tengamos presente que estamos en un escenario en el que un hombre, como Esteban, no se encuentra precisamente en un estado de necesidad económica o que sea insolvente. Sino en uno donde un hombre siente que no puede obligársele a hacerse cargo de un menor que no es suyo y porque, además, fue engañado por la madre para reconocerlo. Y no solo eso, sino que existe un examen de ADN que le da la razón.

En un escenario como este, de 1 a 3 años de prisión será el destino final más grave para cualquier hombre que fue engañado sobre su paternidad y que considere una injusticia que se le obligue a mantener a un menor luego de descubrir que nunca fue su hijo.

Y, después de todo este sufrimiento, aún tendrá la obligación de brindar alimentos…


Nota de Nino: El caso de Esteban es real y puede ser visto en la sentencia de Casación N° 1622-2015-Arequipa.

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