Violencia doméstica (III): las mujeres no son las únicas victimas.

Kim Halford, de la Universidad de Queensland, sugiere que tal vez las tres cuartas partes de un millón de niños presenciaron a ambos padres envueltos en violencia doméstica.

Por: Bettina Arndt (@thebettinaarndt) / Traducción: Nino


De acuerdo a uno de los expertos líderes en relaciones de pareja de Australia, Kim Halford, un profesor de sicología clínica de la Universidad de Queensland, la mayor parte de la violencia familiar no encaja con la imagen que la mayoría de nosotros tiene cuando imaginamos la violencia doméstica -un hombre violento golpeando severamente a su pareja para controlarla. Esa violencia llega a menos del 1 por ciento de la violencia familiar.

La mayor parte de la violencia familiar es una agresión de dos vías, con investigación internacional que muestra que un tercio de las parejas atenta contra el otro -empujándole, abofeteándole, embistiéndole o peor-. Dada la vergüenza y estigma asociada con ser una víctima masculina de violencia familiar, no es sorprendente que los hombres minimicen estas experiencias en las encuestas de victimización como la Encuesta de Seguridad Personal de Australia. Es solo cuando los hombres y mujeres son preguntados sobre perpetrar la violencia que emerge la violencia de dos vías, con mujeres fácilmente admitiendo a los investigadores que ellas están muy activamente involucradas y a menudo instigan este tipo de “violencia de pareja”.

“Dada la vergüenza y estigma asociada con ser una víctima masculina de violencia familiar, no es sorprendente que los hombres minimicen estas experiencias en las encuestas de victimización.”

“Treinta años de investigación internacional muestra consistentemente que las mujeres y hombres son violentos contra el otro casi al mismo rango”, cuenta Halford al Inquirer.

Como ejemplo, dos grandes estudios de meta análisis conducido por el profesor de sicología John Archer de la Universidad de Central Lancashire de Gran Bretaña en el 2000 y 2002 encontró que las mujeres eran más propensas que los hombres a reportar actos como empujones, bofetones o lanzamiento de objetos a su compañero. Archer señaló que era más probable que las mujeres se hirieran como resultado de la violencia de pareja, aunque había todavía una minoría sustancial de victimas masculinas heridas.

Esta violencia de dos vías no era lo que la mayoría de investigadores esperaba encontrar, admite el investigador líder en esta área, Terrie Moffitt de la Universidad de Duke en los Estados Unidos. “Le hicimos a las mujeres preguntas como ‘¿ha golpeado a su pareja?’, ‘¿ha tirado a su pareja a través de la habitación?’, ‘¿ha usado un cuchillo en su pareja?’. Pensé que estábamos perdiendo nuestro tiempo haciendo esas preguntas, pero ellas dijeron que sí, y dijeron que sí en justo en el mismo número que los chicos lo hicieron”. El trabajo de Moffitt con gente joven era parte del mundialmente reconocido Estudio Longitudinal de Dunedin, allá en 1990, que recientemente se presentó en la serie Predict My Future de la SBS.

Esto dice que Australia no ha conducido ninguna encuesta a gran escala enfocada en la perpetración de violencia que probablemente revele el patrón de dos vías mostrado en otros lugares. Pero la simetría de género emerge en estudios de violencia publicados en 2010-11 por Halford, que se enfocaban en parejas al comienzo de sus relaciones, a recién casadas y a las que estabas esperando un hijo. Incluso con estas relaciones tempranas, alrededor de un cuarto de las mujeres admiten que ellas han sido violentas contra sus parejas -justo tantas como los hombres-.

Halford sugiere que talvez cada año tres cuartos de millón de niños en Australia presencias a ambos padres involucrados en violencia doméstica. Solo un pequeño número ve la violencia severa de la que escuchamos tanto, lo que las feministas llaman “terrorismo íntimo”, donde un perpetrador usa la violencia en combinación con una variedad de otras tácticas coercitivas para tomar control sobre sus parejas; pero como apunta Halford, incluso violencia de pareja menos severa no es trivial.
“Los niños que presencian cualquier forma de violencia familiar, incluida la violencia de pareja, sufren altos niveles de problemas de salud mental y son más propensos a ser violentos. La violencia de pareja es también un vaticinador muy fuerte de rompimiento de relaciones, que tiene profundos efectos en los adultos y sus hijos”, dice.

“Treinta años de investigación internacional muestra consistentemente que las mujeres y hombres son violentos contra el otro casi al mismo rango.”

El estudio Young People and Domestic Violence de 2001 mencionado anteriormente, estaba basado en una investigación nacional que involucraba a 5000 jóvenes australianos de 12 a 20 años. Este encontró amplia evidencia de que los niños eran testigos de esta violencia de pareja parental de dos vías, con un 14.4% que presenció “violencia de pareja”, un 9% solo violencia de varón a mujer y un 7.8% solo violencia de mujer a varón -lo que significa que uno de cada cuatro jóvenes australianos tiene este inicio perjudicial para sus vidas-. El estudio encontró que el mayor daño a los niños ocurre cuando son testigos de violencia que involucra a ambos padres.

Es a menudo dicho que las mujeres golpean solo en defensa propia, pero Halford señala que la evidencia muestra que no es cierto. “De hecho, uno de los más grandes factores de riesgo para una mujer que es golpeada por su pareja es que ella golpee a su pareja masculina. Es absolutamente crítico que ataquemos la violencia de pareja si realmente queremos parar este escalamiento en niveles de violencia que causa a las mujeres serias lesiones”, dice. Claro, el impacto en los niños es la otra importante razón para hacer de la violencia de pareja un foco significativo.

Naturalmente, nada de esto califica para una mención en la sección “qué lleva a la violencia contra las mujeres” en el marco de referencia oficial del Gobierno promovido por todos los nuestros cuerpos clave en violencia doméstica. Ni hay alguna atención apropiada puesta en otros factores de riesgo comprobados y basados en evidencia como el alcohol y abuso de drogas, la pobreza y la enfermedad mental.

El único factor riesgo para la violencia doméstica oficialmente sancionado en este país es la desigualdad de género. “Otros factores interaccionan con o refuerzan que la desigualdad de género contribuye al incrementada frecuencia y severidad de la violencia contra las mujeres, pero no conducen la violencia a y en ellos mismos” es el único avaro conocimiento en el marco de referencia de que otros factores pueden estar en juego.

“Es simplista y engañoso decir que la violencia doméstica es causada por actitudes patriarcales.”

En las recientes audiencias de la Real Comisión de Violencia Familiar del Estado de Victoria, expertos en abuso de alcohol y enfermedad mental hablaron sobre esta descarada indiferencia a 40 años de investigación que dirige a estas complejidades. “Es simplista y engañoso decir que la violencia doméstica es causada por actitudes patriarcales”, dice James Ogloff, un mundialmente reconocido experto en salud mental.
“Un único foco en la naturaleza de género de la violencia de familia, que etiqueta a los hombres como perpetradores y a las mujeres como víctimas y que identifica la desigualdad de género como la principal causa de la violencia familiar, es problemático en un número de niveles”, dijo Peter Miller, investigador principal y codirector del grupo de prevención de la violencia en la Universidad de Deakin.

Miller estuvo involucrado en una reciente y exhaustiva reseña de estudios longitudinales que involucraban vaticinadores de violencia familiar que identificó experiencias de la niñez con abuso y violencia, particularmente en familias con problemas -uso de alcohol, como vaticinador clave de la participación de adultos en violencia doméstica-. Él ha encontrado trabas en la conducción y publicación de la investigación sobre el rol de las drogas y alcohol en la violencia familiar.

La evidencia sobre las complejidades de la violencia doméstica está ahí, pero a nivel oficial nadie está escuchando. La razón es simple. La deliberada distorsión de este importante tema social se debe a feministas se niegan a dejar el terreno duramente ganado. Ogloff explicó esto detalladamente a la Real Comisión cuando explicó que los sectores de violencia familiar del Estado Victoria temían que “reconocer otras potenciales causas de la violencia podría causar un cambio como alejar el financiamiento de los programas dirigidos a la desigualdad de género”.

Hace cuarenta años, una importante figura feminista fue invitada a Australia a visitar nuestro recientemente establecido refugio de mujeres. Erin Pizzey era la fundadora del primer refugio de Gran Bretaña, una mujer alabada alrededor del mundo por su trabajo pionero ayudando a las mujeres a escapar de la violencia. En el camino a Australia, Pizzey viajó a Nueva Zelanda, donde habló sobre el cambio de su perspectiva. Ella había aprendido a través del trato con mujeres violentas en su refugio que la violencia no era un problema de género y que era importante atacar las complejidades de la violencia para dirigir apropiadamente el problema. Pizzey rápidamente atrajo la ira del movimiento de mujeres en Gran Bretaña, atrayendo amenazas de muerte que la forzaron a dejar el país por un tiempo.

Erin Pizzey

Ella cuenta al Inquirer desde Londres: “Las feministas se apoderaron de la violencia doméstica como la causa que necesitaban para atraer más dinero y seguidores, en el momento que el primer rubor de entusiasmo por su movimiento empezaba a menguar. La violencia doméstica era perfecta para ellas -la justa causa que nadie se atrevería a retar-. Esta llevó a una industria multimillonaria mundial, una enorme vaca de efectivo con legiones de apoyo de burócratas y hacedores de política”.

En las entrevistas de prensa de Pizzey en Nueva Zelanda, ella critica el punto de vista de desigualdad de género de la violencia, sugiriendo que atacar la violencia en el hogar requería enfrentar a las verdaderas raíces de la violencia, tal como la exposición intergeneracional a la agresión masculina y femenina.

Las noticias viajaron rápido. En el momento que Pizzey estaba lista para partir a la etapa australiana del viaje, ella era persona no grata para las feministas que dirigían nuestros refugios. Su visita a este país fue cancelada.

Eso fue en 1976. Desde ese entonces, el punto de vista de género de la violencia doméstica ha mantenido su influencia, los disidentes son silenciados y la evidencia sobre los verdaderos problemas subyacentes a este complejo problema es ignorada. Y la gran vaca de efectivo, que apoya a nuestra industria de violencia doméstica de estrecha visión, se hincha incluso más.


Bettina Ardnt es una comentarista social basada en Sídney.

Publicación original: Domestic violence: data shows women are not the only victims

Foto: Internet

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