¿Y si te lo dice Brad Pitt? Entre el consentimiento y el acoso.

La autora explica la importancia de tomar el consentimiento como una manifestación de la libertad personal, de modo que, si una persona consiente un acoso en -determinadas circunstancias- no implica que no pueda rechazar otros cometidos en escenarios similares.


Generalmente, las mujeres solemos tomar con profundo rechazo, asco e indignación los piropos no solicitados que nos lanzan desconocidos en la calle. Sin embargo, me puse a pensar: ¿por qué “generalmente”? ¿por qué no siempre? No faltan los testimonios de mujeres que afirman sentirse halagadas por estos mismos “elogios”, en especial cuando el piropeador es “atractivo” (y se sabe que el dinero suele ser parte del atractivo de un varón).

Éstos últimos casos suelen ser calificados por feministas como producto de una alienación patriarcal, la cual haría que las mujeres dependan de la aprobación masculina para afianzar su autoestima. Por su parte, otro tipo de críticos señalan que las mujeres que se quejan de los acosos tendrían “doble moral”, pues “si vinieran de un tipo guapo y con dinero”, ya no lo sería. Aquí un buen ejemplo:

 

 

¿Qué se pretende con este tipo comentarios? ¿Que, si una vez me sentí halagada con un piropo no solicitado, ya no tengo derecho a quejarme de otro? ¿Es un intento de desacreditar el justo reclamo de respeto en las calles? El problema con esta actitud es que se pretende someter a las víctimas a una suerte de “filtro moral” para decidir si tienen suficiente derecho a reclamar. Muchos no han entendido que la lucha contra el acoso no se trata de cuidar ninguna “decencia sexual” de la víctima, sino de condenar la invasión del espacio personal, que se manifiesta mediante la expresión de opiniones personales sin tener en cuenta si producen o no incomodidad en quien la recibe.

Dado que los conceptos de acoso y piropo tienden a ser confundidos, es necesario diferenciarlos para entender mejor las consecuencias que pueden producir.

Según el DRAE, la definición de piropo es el “dicho breve con que se pondera alguna cualidad de alguien, especialmente la belleza de una mujer”. Asimismo, define “acosar” como “apremiar de forma insistente a alguien con molestias o requerimientos”.

Más específicamente, sobre acoso sexual, el DRAE dice que es el “acoso que tiene por objeto obtener los favores sexuales de una persona cuando quien lo realiza abusa de suposición de superioridad sobre quien lo sufre”. Por su parte, en la legislación peruana, el artículo 4 de la Ley 30314 amplía este concepto y descarta la insistencia y la posición de superioridad:

“El acoso sexual en espacios públicos es la conducta física o verbal de naturaleza o connotación sexual realizada por una o más personas en contra de otra u otras, quienes no desean o rechazan estas conductas por considerar que afectan su dignidad, sus derechos fundamentales como la libertad, la integridad y el libre tránsito, creando en ellas intimidación, hostilidad, degradación, humillación o un ambiente ofensivo en los espacios públicos”.

Tomaré como referencia la definición que da la Ley 30314, ya que el llamado acoso callejero no requiere la insistencia ni superioridad del acosador.

Establecidos los conceptos, tenemos que el piropo en sí mismo no tiene nada de malo ni peyorativo, sino todo lo contrario. Entonces, ¿por qué a veces molesta? Tal vez porque fracasó como piropo o porque nunca intentó ser uno realmente.

Tengan presente que el piropo se dice para halagar a alguien, por lo que quien piropea se preocupa de que el piropeado no se sienta asqueado. Para ello es muy necesario tomar en cuenta el contexto y los códigos sociales determinados por el grado de confianza entre dichas personas. Sabiendo que las palabras de connotación sexual son de carácter delicado en una situación entre desconocidos, quien sienta el impulso de piropear en este terreno, es consciente de que la falta de cercanía hace altamente probable de que sus “piropos” causen mucha incomodidad.

En el caso del acoso, en cambio, el acosador no tiene preocupación alguna sobre cómo caerán sus palabras en la persona que las reciba. Sobre todo, transgrede códigos sociales basados en el grado de confianza o cercanía.

¿Que una persona haya aceptado un acoso hace que deje de serlo? La respuesta es no.

Entonces ¿qué ocurre cuando una mujer se siente halagada por un comentario de sexual de un desconocido? ¿que le haya gustado hace que deje de ser acoso? La respuesta es no. Desde el momento en que el desconocido transgrede la libertad personal de otra persona, estaremos hablando de acoso. Que le haya resultado placentero a la acosada por el atractivo físico y/o dinero del acosador, o que incluso haya demostrado su agrado, no cambia en nada el carácter transgresor e irrespetuoso del acto.

Cuando la persona acosada acepta la trasgresión a su espacio personal, está ejerciendo su libertad. A esta aceptación se le denomina consentimiento.

Según el DRAE, consentir es “permitir algo o condescender en que se haga”, por lo que en el tema que nos atañe hablaríamos de permitir o condescender el acoso. Sin embargo, el DRAE no mencionada nada acerca de la licitud.

Para el derecho, el consentimiento opera como una causa de justificación, es decir, elimina la ilicitud del hecho. Pongámonos en esta situación: un desconocido acosa verbalmente a una mujer, pero ésta les da la bienvenida a sus palabras. En este escenario, ya no podríamos hablar de un hecho ilícito, sino uno justificado, porque ya fue consentido. No obstante, la reacción de la mujer no haría que el hecho deje de ser acoso1.

Foto: IStock

Con lo expuesto se entiende que la mujer del ejemplo, así como ejerció su libertad para aceptar los comentarios de un desconocido, también puede usarla para rechazar los de otra persona. Tanto en el escenario donde acepta como en donde rechaza los comentarios, estamos frente a actos de acoso sexual.

En conclusión, toda persona, en ejercicio de su libertad, tiene derecho a consentir o rechazar un acto socialmente transgresor hacia ella, ya sea porque el autor de ese acto es guapo, adinerado, o por cualquier otra circunstancia, y por ello tiene toda la potestad de denunciarlo o aceptarlo. Y esto no es doble moral.


1 Esto genera un problema en el caso de la legislación peruana, ya que, aunque fácticamente, ese acto seguiría siendo acoso, legalmente ya no, ya que la ley 30314 exige “rechazo expreso” de parte de la víctima para que se configure.

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Comentarios

comentarios

6 comentarios sobre “¿Y si te lo dice Brad Pitt? Entre el consentimiento y el acoso.

  • el 21 agosto, 2017 a las 7:23 PM
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    Seria importante señalar que no porque las personas no rechazan expresamente acoso callejero, este acto sea consentido

    Respuesta
  • el 21 mayo, 2017 a las 12:47 PM
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    Cuando una persona se acerca a otra, sin que su accionar constituya técnicamente acoso, pero esta se sienta acosada, ¿es acoso por el sentir de alguien? ¿o es acoso por la forma técnica de la situación social?. Creo que la nota apunta mas a objetivar el acoso por una serie de características, actitudes y habilidades sociales, que por la subjetividad de una persona, pero me interesaría saber que opinan.
    Por ejemplo, si una persona desconocida se acerque a otra de una forma calibrada socialmente, y a pesar de eso la persona abordada se puede sentir incomoda o acosada sin que el hecho constituya técnicamente acoso. (Entiendo que en el caso de dos personas desconocidas, el ser desconocida ya es un factor que indicaría la falta de elementos sociales para acercarse a hablarle, lo cual puede llevar a que la otra se sienta acosada, pero también creo que no es el único: si es de día, si es de noche, si hay gente, si es una plaza o un centro comercial, comunicación no verbal, vestimenta etc). Un buen ejemplo de esto es el vendedor callejero que te ofrece su producto de una forma amable o considerada y el que te persigue media cuadra, sin escucharte y hasta te insulta cuando lo rechazas.
    También seria interesante que toquen el tema desde una perspectiva masculina, yo fácilmente tengo mas de una decena de anécdotas mías de amigos o situaciones que e visto (en colectivos, bares, universidades) Donde yo, u otro varón es acosado, y el entorno se lo toma a chiste, no presta atención, no hay políticas sobre eso etc. ¿Hasta que punto creen que esto no le pasa a los varones o les pasa mas a menudo de lo que se piensa pero no existe una “lupa” con la cual ver el problema desde esa perspectiva? ya que en mi experiencia personal, me paso eso, cuando lo empece a pensar desde otra perspectiva me di cuenta de que un montón de veces esas “situaciones incomodas” podían también constituir una formar de acoso, o por lo menos de percepción del mismo, sin que técnicamente lo sea como decía anteriormente. Un saludo y suerte.

    Respuesta
    • el 21 mayo, 2017 a las 1:01 PM
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      Gracias por tu comentario, Lucho. Efectivamente, tratamos de definir lo que es acoso mediante parámetros objetivos para no basarnos en lo que subjetivamente sienta una persona ante tal o cual situación social en la vía pública. Sobre el tema del acoso a varones, pues nos encantaría explorarlo más, lamentablemente no hemos podido conseguir suficiente data al respecto.

      Saludos.

      Respuesta
      • el 21 mayo, 2017 a las 2:04 PM
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        Gracias por la respuesta, en lo posible voy a tratar de en enviarles información sobre el tema. Un saludo.

        Respuesta
  • el 10 mayo, 2017 a las 8:31 AM
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    Fíjense que creo que hay un error de tipeo:

    “Muchos no han entendido que la lucha contra el acoso no trata de cuidar “decencia sexual” de la víctima,”

    Supongo que querían poner ‘ninguna’.

    Respuesta
    • el 10 mayo, 2017 a las 4:11 PM
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      Corregido. Gracias Frascou.

      Respuesta

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